El siempre espera...

El siempre espera...

sábado, 28 de junio de 2008

Felíz descanso!

"Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a exigir con todas sus fuerzas aquello que desea".

Hola !!!
Llegamos al ansiado fin de semana, que seguramente será de merecido descanso para muchos de nosotros, con un agregado día que espero sea provechoso.
Pero también es una buena oportunidad para leer y meditar el Evangelio y advertir de dónde viene esa corta pero hermosa oración que decimos en la Misa antes de ir a comulgar:

"Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra Tuya bastará para sanarme"

Con la misma humildad del centurión de Cafarnaúm, renovemos nuestra fe y oremos inspirados por María con la certeza de que en el Cielo se nos escucha, se nos atiende y se nos consuela en todas nuestras necesidades.

Meditación breve
Una de las actividades más saludables de las que puedo participar es el perdón, hacia mí y hacia mi prójimo.
Por el perdón me libero del pasado a fin de experimentar con más plenitud las bendiciones que hay en mi vida en este momento.
El perdón retira de mi mente las barreras que parecerían haberme separado del poder curativo de Dios.
El perdón me da el poder de crear una vida y un mundo basados en el amor, la compasión y la bondad que Dios me ha dado para expresar en mi vida y en mi mundo.
No puedo cambiar el pasado, pero ciertamente puedo cambiar las ideas y sentimiento que tengo sobre el pasado. Y puedo cambiar la manera en que los hechos me afectan en el presente.



El valor de la oración

Jesús invita, recomienda, impone la oración, une a ella toda gracia, toda bendición hasta la salvación eterna. El mismo reza por todas partes y siempre: en el templo, en el Huerto de los Olivos, en el monte, sobre las aguas, en las plazas y en las sinagogas.

San Pedro corre el peligro de hundirse en las aguas y reza; la oración lo fortifica. Marta y María piden llorando ante Jesús en la hora del dolor y la oración las consuela.

Rezan los Apóstoles en el cenáculo y la oración hace descender al Espíritu Santo con sus dones celestiales. Y tú, ¿cuándo rezas? ¿Sólo cuando estás enfermo o cuando quieres que algo te salga bien?

Reza siempre porque siempre tienes necesidad de permanecer junto a tu Dios.

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